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El desconocido

El dia que conoció a un desconocido

Cansado del dia , a pesar de haber sido domingo, el mensaje que recibe en el whatsapp aquel día parecía prometedor, aunque esa sensación fue sutil, pues los recuerdos y la experiencia del pasado le habían enseñado a no ilusionarse con nada, pues la caída era mucho mas grande cada vez que uno tropieza siempre con la misma piedra.
Aprendia la lección se convence así mismo de que el día no estaba yendo bien, y de que a lo mejor dar una vuelta con un desconocido podría resultar interesante, aunque solo fuese eso: dar una vuelta. Por ello se arregla de la forma más informal posible, con “lo primero que uno pilla del armario´´, como se suele decir. Llega el momento de la verdad, y el chico desconocido aparece ante él por primera vez en persona. Como cuando te informan y te relatan una historia, vas imaginando, detalle a detalle, como podría desencadenarse la acción que tu interlocutor está narrando, como puede ser el escenario en el que el movimiento cobra vida, y los colores se llenan de luz… Por ello el se había imaginado como podía ser, en relación al aspecto físico aquel desconocido del que tan solo sabía su nombre: Efren. Sin embargo, en el momento de la verdad, se queda, no sin palabras, sino sin pensamientos.
De viaje en la luna, en las estrellas y en el firmamento, vuelve a aterrizar para prestar de nuevo atención a lo que ese maravilloso desconocido le estaba preguntando : ¿qué tal te ha ido el día?… Aturdido, vuelve en sí. De nuevo vuelve a viajar, y es que no se puede creer que esté compartiendo su presencia con un desconocido de aspecto casi celestial. Nunca había imaginado de que color podrían los ángeles tener los ojos hasta que apareció él… nunca hubiese podido imaginar de que color son los rayos del sol hasta que admiró su cabello… Ahora ya no hacía falta imaginarlo, porque lo tenia al lado suyo, posiblemente le había tocado la lotería, pensaba él… posiblemente se estaba ilusionando de nuevo, se lamentaba él.
El domingo terminó con una sesión de cine inesperada. Habían planeado tomar unos montaditos, en el famoso restaurante cuyo nombre no quiero indicar para no hacer publicidad gratuita… No sabe si fue por la calidad de la película con la que el director había dirigido esa obra espectacular, pero fue la mejor película que él había visto desde Avatar, pensaba. O fue la compañía, la que hizo la velada perfecta.
Los días pasaban, las ansias por sentir su presencia se acrecentaban cada segundo, minuto y hora que no estaba contemplando sus ojos. Necesitaba contemplar el cielo todos los días, porque la vida terrenal le parecía eso.. una vida con contemplaciones vanidosas que propiciaban una existencia sin sentido. Cobraba el poema vida, florecía la flor tras la tormenta y amanecía un nuevo día cuando sus ojos reposaban en los suyos.
La felicidad debe partir de uno mismo, ya que tan solo cuando uno mismo es feliz, puede hacer feliz a los demás. Sin embargo, algo dentro de él le estaba haciendo entender que la felicidad es una casa con cuartos grandes, y que podía haber inquilinos que ofreciesen aún mayor felicidad al conjunto, o incluso ser pilares indispensables de la misma. Porque este desconocido se estaba convirtiendo en una fuente de sonrisa, alegría, y algo de lo que aún no se atrevía a pronunciar.
Por ello, cuando él partía de su lado, la casa se quedaba vacía, y solo quedaban él y la realidad, una realidad en la que la sonrisa de ángel y los ojos de luz solar ya no estaban bajo el mismo techo. Surgía entonces la necesidad de cambiar esa situación, para bien o para mal.
Una persona que desciende del cielo, solo puede tener compañías celestiales. Sus amistades, que tan amablemente le fueron presentadas, desprendían el calor que te ofrece un día soleado de primavera. La brisa marina de esa compañía propiciaban que el conjunto fuese casi mágico. Aún recuerda aquel día como si hubiese sido ayer, y es que como el viento de poniente que arrastra el calor a nuestros días, tu cuerpo se pueda pregnado de la sal marina que procedía de la brisa de sus interiores.
¿Estaba haciendo lo correcto? La experiencia le ha iba demostrado que no se podía actuar de manera precipitada. La experiencia también le había instruido en no ilusionarse por nada ni por nadie. En no hacer cosas que uno no haría sin estar seguro de lo que la otra persona siente. Por ello no entendía porque a veces cambiaba sus horarios para poder verleo, no entendía porque a veces hacía cosas por las que no haría por nadie, al menos no alguien que se queda tan solo en eso… en una persona desconocida, de la que no uno no tiene claro lo que siente por dentro.
Muchos de vosotros estaréis pensando que quien no arriesga nunca gana, que todos deben hacer lo que más consideren oportuno sin temor a lo que los demás piensen o sientan. Pero esa desdichada alma estaba cansada de actuar siempre del mismo modo. Entendía que un ángel tendría que poseer a su lado a varias compañias… que él no podía ser la única persona a la que le brindase esos rayos de luz y de calor. Más que celos, era franqueza… sabía que no podía seguir actuando como si fuesen una pareja porque no eran eso. ¿Y si no era el único al que le brindaba sus besos? ¿Y si él no era la persona que él estaba esperando y tan solo lo consideraba como un pasatiempo?
Él tenía miedo, mucho miedo. Tenía miedo de perder la luz del sol y volver a la oscuridad. Tenía miedo de que el sentimiento no fuese recíproco. Tenia miedo de ser uno más en su vida, y no alguien distinto. Sentía celos hasta del espejo porque podía observarle todas las mañanas antes de que marchase al trabajo. Sentía miedo de confesarle que le quería. Sentía miedo porque a pesar de no saber decir un significado aproximado de la palabra amor, si tenía claro que lo que había estado haciendo por esa persona era distinto a todo lo demás y que a veces no hace falta definir un concepto con palabras, sino con acciones.
Por ello se marcharon del gimnasio, el maravilloso desconocido le ofrecía un beso y el se lo negaba. El desconocido marchaba y el protagonista de esta historia volvía a la oscuridad, porque la luz de sus días se alejaba de nuevo, sin saber todo lo narrado aquí.

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