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Cataluña

ENTRE EL CUMPLIMIENTO DE LA LEY Y LA OBEDIENCIA DEBIDA (Cataluña)

El otro día mi querida y hermosa sobrina se cogió un berrinche de los grandes cuando su madre no le dejó comerse una bolsa de patatas, justo instantes próximos a la hora de la comida, temerosa mi hermana de que la pequeña de la familia no estuviese receptiva para comerse todo el plato que habíamos preparado para ella. Resulta aún más sorprendente descubrir que esta pataleta infantil de mi sobrina posee los términos propicios y casi idénticos a la situación actual y la relación establecida entre el estado Español y Cataluña. Y es que es de casi comedia ver el enfado e insistencia, ausente de resignación que el Govern de Cataluña pone frente al desafío soberanista, resistiendo barreras heterónomas y yendo más allá de las competencias que de por sí la comunidad autónoma tiene establecida.
Consciente de las consecuencias derivadas de este proceso a nivel ya no solo nacional, sino europeo e incluso internacional, casi nos hemos olvidado los ciudadanos de aquel pobre papel que parece representar los funcionarios para los responsables políticos de uno y otro bando. Y es que como muchos de nosotros, los funcionarios son los espectadores más próximos de esta hecatombe, y con más susceptibilidad del proceso en sí.
Este colectivo y no otro es uno de los más perjudicados, junto a los ciudadanos de todo el desafío que el proceso soberanista está resultando. No se nos puede olvidar, que como trabajadores que ocupan un empleo público, responden también a un deber de acatamiento de la ley y la constitución española por encima de todo. De este modo, pienso que los consistorios catalanes, deben de reconocer que las leyes anuladas y suspendidas en numerosas ocasiones por el Tribunal Constitucional no tienen vigencia y por tanto no pueden llevarse a término acciones que se sustentes en estas fuentes declaradas ausentes de legalidad por el alto tribunal.
Haciendo un reflexión, me remonto a los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial con los juicios de Nuremberg, donde tres jueces tuvieron que detenerse y pensar, al igual que estoy haciendo yo, si un coyuntura política concreta, con un ideal y praxis de actuación especifico aunque contrario a lo que se reconoce como legítimo desde otra esfera política y jurídica puede ser justificación para proceder a desarrollar acciones en modo de cumplimiento de ordenes superiores. Por ello, durante estos juicios fue crucial entender y dirimir sobre que si las decisiones que los militares nazis y los responsables del ejercito están justificadas en orden a un mandato de algún cuerpo superior militar. Tal y como pensaron y concluyeron por entonces los jueces, la zona más íntima de mi conciencia me dicta precisamente que ello no resulta justificación alguna, y es aquí donde he de traer a colación la objeción de conciencia frente a la obediencia debida que aquellos militares, al igual que los funcionarios de Cataluña en la actualidad están utilizando como base de su actuación: tanto los militares como estos funcionarios deberían de poder ejercer un derecho subjetivo a resistirse a los mandatos de las autoridades sean cuales fueren, cuando contradigan los propios principios morales, respondiendo en primer lugar al tribunal de la conciencia.

 

Sin embargo también he de destacar que la actual coyuntura económica dificulta de manera relevante que la objeción de conciencia pueda ser empleada. En primer lugar porque el miedo a una sanción penal y las responsabilidad económica que pudiese surgir de la misma supone una argumentación que está más encaminada a la obediencia debida que a poder objetar de los mandatos basándome en mi conciencia. Continuando en los cauces de esta argumentación es de especial interés los argumentos que el Govern ha suscitado para defender la protección que según ellos van a propiciar a los funcionarios catalanes: por un lado, se ha establecido que las responsabilidades serán estrictamente políticas y que éstas no perjudicaran a los funcionarios. Asimismo, todos los funcionarios que participen en el referéndum lo harán en base a su condición de ciudadano y no como empleados. Y por último un aspecto muy interesante, y es que aquellos trabajadores públicos que duden de la adecuación a la ley de un mandato que reciban podrán pedir que se lo dicten por escrito ante posibles recriminaciones judiciales futuras.
Por todo ello, analizando la situación desde ambas perspectivas he de aducir que me parece harto complicado de creer que estas garantías que según el Govern van a cumplirse en aras de la protección del funcionario público vayan a llevarse a término o ser reconocidas por el ejecutivo central en tanto partimos de la base de que estás garantías se están propiciando en una situación y proceso que desde el punto de vista legal ya resulta ilícito desde todos los puntos de vista.
Para concluir con mi texto expositivo de opinión, quiero resaltar que más allá de que estas garantías no vayan a producirse, se establezca de algún modo un cauce que sirva de salvavidas para la difícil coyuntura que los empleados públicos y los ciudadanos están viviendo en Cataluña. Del mismo modo, se deberían de ofrecer algunos medios que posibiliten que algún día Cataluña pueda llegar a decidir, pero y recalcó como muy importante, esta posibilidad de elección deberá ser siempre conforme a la ley y estar vacía de cualquier ideología política que se aleje del sentimiento de un pueblo con un arraigo histórico muy particular, y por tanto ausente de una dirección tan nefasta como es la actual cúpula política que ocupa el gobierno autonómico de Cataluña , que más que dirigir y representar a un pueblo, se asemejan más a los técnicos que conducen a los títeres a su antojo, unos títeres que por poco tiempo se encontrarán sin cabeza y sin identidad propia de la que sentirse orgulloso y a la que reconocer como legítima.

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El desconocido

El dia que conoció a un desconocido

Cansado del dia , a pesar de haber sido domingo, el mensaje que recibe en el whatsapp aquel día parecía prometedor, aunque esa sensación fue sutil, pues los recuerdos y la experiencia del pasado le habían enseñado a no ilusionarse con nada, pues la caída era mucho mas grande cada vez que uno tropieza siempre con la misma piedra.
Aprendia la lección se convence así mismo de que el día no estaba yendo bien, y de que a lo mejor dar una vuelta con un desconocido podría resultar interesante, aunque solo fuese eso: dar una vuelta. Por ello se arregla de la forma más informal posible, con “lo primero que uno pilla del armario´´, como se suele decir. Llega el momento de la verdad, y el chico desconocido aparece ante él por primera vez en persona. Como cuando te informan y te relatan una historia, vas imaginando, detalle a detalle, como podría desencadenarse la acción que tu interlocutor está narrando, como puede ser el escenario en el que el movimiento cobra vida, y los colores se llenan de luz… Por ello el se había imaginado como podía ser, en relación al aspecto físico aquel desconocido del que tan solo sabía su nombre: Efren. Sin embargo, en el momento de la verdad, se queda, no sin palabras, sino sin pensamientos.
De viaje en la luna, en las estrellas y en el firmamento, vuelve a aterrizar para prestar de nuevo atención a lo que ese maravilloso desconocido le estaba preguntando : ¿qué tal te ha ido el día?… Aturdido, vuelve en sí. De nuevo vuelve a viajar, y es que no se puede creer que esté compartiendo su presencia con un desconocido de aspecto casi celestial. Nunca había imaginado de que color podrían los ángeles tener los ojos hasta que apareció él… nunca hubiese podido imaginar de que color son los rayos del sol hasta que admiró su cabello… Ahora ya no hacía falta imaginarlo, porque lo tenia al lado suyo, posiblemente le había tocado la lotería, pensaba él… posiblemente se estaba ilusionando de nuevo, se lamentaba él.
El domingo terminó con una sesión de cine inesperada. Habían planeado tomar unos montaditos, en el famoso restaurante cuyo nombre no quiero indicar para no hacer publicidad gratuita… No sabe si fue por la calidad de la película con la que el director había dirigido esa obra espectacular, pero fue la mejor película que él había visto desde Avatar, pensaba. O fue la compañía, la que hizo la velada perfecta.
Los días pasaban, las ansias por sentir su presencia se acrecentaban cada segundo, minuto y hora que no estaba contemplando sus ojos. Necesitaba contemplar el cielo todos los días, porque la vida terrenal le parecía eso.. una vida con contemplaciones vanidosas que propiciaban una existencia sin sentido. Cobraba el poema vida, florecía la flor tras la tormenta y amanecía un nuevo día cuando sus ojos reposaban en los suyos.
La felicidad debe partir de uno mismo, ya que tan solo cuando uno mismo es feliz, puede hacer feliz a los demás. Sin embargo, algo dentro de él le estaba haciendo entender que la felicidad es una casa con cuartos grandes, y que podía haber inquilinos que ofreciesen aún mayor felicidad al conjunto, o incluso ser pilares indispensables de la misma. Porque este desconocido se estaba convirtiendo en una fuente de sonrisa, alegría, y algo de lo que aún no se atrevía a pronunciar.
Por ello, cuando él partía de su lado, la casa se quedaba vacía, y solo quedaban él y la realidad, una realidad en la que la sonrisa de ángel y los ojos de luz solar ya no estaban bajo el mismo techo. Surgía entonces la necesidad de cambiar esa situación, para bien o para mal.
Una persona que desciende del cielo, solo puede tener compañías celestiales. Sus amistades, que tan amablemente le fueron presentadas, desprendían el calor que te ofrece un día soleado de primavera. La brisa marina de esa compañía propiciaban que el conjunto fuese casi mágico. Aún recuerda aquel día como si hubiese sido ayer, y es que como el viento de poniente que arrastra el calor a nuestros días, tu cuerpo se pueda pregnado de la sal marina que procedía de la brisa de sus interiores.
¿Estaba haciendo lo correcto? La experiencia le ha iba demostrado que no se podía actuar de manera precipitada. La experiencia también le había instruido en no ilusionarse por nada ni por nadie. En no hacer cosas que uno no haría sin estar seguro de lo que la otra persona siente. Por ello no entendía porque a veces cambiaba sus horarios para poder verleo, no entendía porque a veces hacía cosas por las que no haría por nadie, al menos no alguien que se queda tan solo en eso… en una persona desconocida, de la que no uno no tiene claro lo que siente por dentro.
Muchos de vosotros estaréis pensando que quien no arriesga nunca gana, que todos deben hacer lo que más consideren oportuno sin temor a lo que los demás piensen o sientan. Pero esa desdichada alma estaba cansada de actuar siempre del mismo modo. Entendía que un ángel tendría que poseer a su lado a varias compañias… que él no podía ser la única persona a la que le brindase esos rayos de luz y de calor. Más que celos, era franqueza… sabía que no podía seguir actuando como si fuesen una pareja porque no eran eso. ¿Y si no era el único al que le brindaba sus besos? ¿Y si él no era la persona que él estaba esperando y tan solo lo consideraba como un pasatiempo?
Él tenía miedo, mucho miedo. Tenía miedo de perder la luz del sol y volver a la oscuridad. Tenía miedo de que el sentimiento no fuese recíproco. Tenia miedo de ser uno más en su vida, y no alguien distinto. Sentía celos hasta del espejo porque podía observarle todas las mañanas antes de que marchase al trabajo. Sentía miedo de confesarle que le quería. Sentía miedo porque a pesar de no saber decir un significado aproximado de la palabra amor, si tenía claro que lo que había estado haciendo por esa persona era distinto a todo lo demás y que a veces no hace falta definir un concepto con palabras, sino con acciones.
Por ello se marcharon del gimnasio, el maravilloso desconocido le ofrecía un beso y el se lo negaba. El desconocido marchaba y el protagonista de esta historia volvía a la oscuridad, porque la luz de sus días se alejaba de nuevo, sin saber todo lo narrado aquí.

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Buenos momentos 

Bajar la ventanilla. Disfrutar del paisaje, esas múltiples formas con que las nubes nos deleitan. La luz del anochecer reflejada en el cielo, tintando el azul de naranja, y el naranja de amarillo. Las olas rompiendo contra la costa, la brisa marina peleando contra tu rostro. El vuelo indeterminado, junto a la luna intranquila, esperando a cubrir el día de noche, limpiando la tierra de imposibles. Máxima fm sonando en la radio, el paisaje quedándose atrás de camino a la arena. Mi cuerpo cambia la cama de mi cuarto, por la arena como almohada. Y el tiempo atravesando lentamente el espacio, asintiendo a mis deseos de que así fuese.  


  
  
  
  
  

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